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Los muertos por el terremoto en Filipinas ascienden ya a 38, y hay medio millar de heridos y cientos de casas destruidas

  • hace 8 horas
  • 3 min de lectura

El Gobierno de Filipinas ha confirmado este martes que son ya al menos 38 los fallecidos en el terremoto de magnitud 7,8 que azotó el lunes la sureña isla de Mindanao. Continúan los trabajos de emergencia para encontrar a los desaparecidos y cuantificar los daños. Según datos del Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMC), al menos cuatro personas permanecen sin localizar y más de 470 han resultado heridas por el seísmo, que afectado de forma directa a unos 145.000 ciudadanos.


Los equipos de rescate empiezan a calibrar la magnitud de la devastación en la isla de Mindanao, donde muchos edificios se han venido abajo y las carreteras se han visto dañadas por los deslizamientos de tierra. Las autoridades temen que la cifra de muertos aumente. Hay, por el momento, 31.701 personas acogidas en 54 refugios temporales, y otras 9.000 que también han tenido que abandonar sus hogares y marcharse a casas de amigos o familiares.


Muchos pacientes hospitalarios han tenido que ser trasladados a centros improvisados. Los colegios permanecen cerrados y cerca de cuatro millones de niños, que comenzaban el año escolar precisamente el lunes, se han quedado sin clases sin saber cuándo podrán regresar.


Terremoto de magnitud 7.8 sacude Filipinas


Un reciente informe del Servicio Geológico de EE. UU. ha actualizado la actividad sísmica en la región de Koronadal, Filipinas. En el mapa se observan áreas potencialmente afectadas, destacando una zona marcada con una estrella que indica un evento sísmico reciente. Las autoridades locales están en alerta ante posibles réplicas y recomendaciones de seguridad para la población. Esta información es crucial para la preparación y respuesta ante desastres en la zona.



El NDRRMC había contabilizado a primera hora de este martes 40.674 personas desplazadas a raíz del seísmo, así como 2.505 casas dañadas, de las cuales 460 quedaron totalmente destruidas.


El temblor se produjo a las 7.37 del lunes, hora local (la 1.37 de la madrugada en la España peninsular) a unos 24 kilómetros al suroeste de la isla de Burias (sur de Mindanao) y a una profundidad de alrededor de 55 kilómetros, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, que mide la actividad sísmica de todo el mundo.


Edificios gubernamentales, viviendas, carreteras y puentes, entre otras infraestructuras, resultaron dañadas por el potente terremoto, al que han seguido 1.055 réplicas en las siguientes 24 horas, con magnitudes de entre 1,3 y 6,7, apuntan los datos oficiales. Una de las poblaciones más afectadas es la ciudad General Santos, con cerca de 600.000 habitantes, donde se derrumbaron varios edificios.


A raíz del movimiento telúrico se activó la alerta de tsunami en varios países del Pacífico y se registraron en la zona afectada de Filipinas al menos cinco corrimientos de tierra. Horas después, todos los países afectados cancelaron la alerta de tsunami. La agencia sismológica de Filipinas (Phivolcs) sí llegó a confirmar la llegada de grandes olas en al menos seis localidades costeras, entre ellas Kiamba (Mindanao), donde alcanzaron los 1,48 metros.


El terremoto ha desatado más de 40 réplicas en menos de 24 horas


El archipiélago filipino se asienta sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una zona de gran actividad sísmica y volcánica en la que cada año se registran unos 7.000 terremotos, la mayoría moderados. El seísmo del lunes llega ocho meses después de que el país sufriera el temblor más mortífero de los últimos 12 años, cuando un terremoto de magnitud 6,9 sacudió la costa de la isla central de Cebú y causó la muerte de 79 personas.


Atrapados bajo un centro comercial


Este martes, los bomberos de General Santos trataban de rescatar a contrarreloj a dos personas atrapadas bajo los escombros de un centro comercial, de donde ya habían recuperado un cadáver, según explicó a Reuters el jefe regional del cuerpo, Edgar Tanawan. “Es difícil de aceptar, como madre, que mi hijo siga atrapado allí”, decía Dioslinda Deluvio, de 65 años, angustiada mientras esperaba fuera del edificio noticias de su hijo. “Mi único deseo es que lo traigan hoy para que podamos descansar en paz”.


La localidad ofrecía escenas de devastación, con edificios derrumbados, escombros en las calles y una maraña de cables eléctricos y postes de servicios públicos caídos. Los funcionarios de gestión de desastres trabajan a toda velocidad para tratar de restablecer el suministro eléctrico y de agua a miles de residentes.

 
 
 

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